Un puente con los colectivos más marginados

El Papa Francisco fue un puente entre el Concilio Vaticano II y la Iglesia del mundo de hoy. Aquella generación nacida por entonces habíamos quedado huérfanos y cuando él llegó sentimos de nuevo en Iglesia calor familiar. Nuestra esperanza, tan debilitada, comenzaba a revivir y tomar fuerza en nosotros para sostenernos en nuestro compromiso social desde la fe cristiana.