Aterrizó el avión de Santa Cruz de Tenerife a las 12:45, tan puntual que seguro que más de un despistado se perdió el desembarco en Asturias de Asier Garitano. Como si el piloto conociese de antemano las prisas por levantar el ánimo de un entrenador que se juega la historia del Sporting en ocho partidos. Cara de concentración. Rostro serio para después enseñar una tímida pero aparente sonrisa. Muestras todas inequívocas de que el técnico de Vergara, de 55 años, asume responsabilizado el toro que tiene por delante en su estancia en Mareo: «Con la ayuda de todos, lograremos el objetivo», anunció a los muchos medios de comunicación presentes en la terminal.

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