Imagine que su salario pierde valor de la noche a la mañana, que su hipoteca se vuelve impredecible y que sus ahorros se evaporan con cada subida de precios. La independencia de los bancos centrales es uno de los escudos que le protege de ese caos. Mantenerla significa estabilidad para su día a día, especialmente en tiempos de incertidumbre política. Y, sin embargo, es precisamente en esos momentos cuando más crece la tentación de interferir en las decisiones de estas instituciones y someterlas a una auténtica hipertensión política.
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