Estaciones y retrasos

En pocos días se cumplirá un fatídico aniversario. Nada menos que los quince años de la apertura de la actual, y supuestamente provisional, estación de tren. En realidad, un apeadero con pretensiones, y a desmano, que, por mucho que el tango nos diga que veinte años no es nada, lleva trazas de perpetuarse. En aquel 2011 se perpetró uno de los mayores desaguisados urbanísticos locales de las últimas décadas. Se privó a Gijón, sin aparentes motivos confesables, de una céntrica estación de tren. La misma que tienen todas las localidades de nuestro entorno y desde luego las principales ciudades europeas. El uso de los cercanías, como consecuencia de aquella decisión, cayó en picado en nuestra villa. Y de paso se castigó también a los usuarios del automóvil al plantar el magnífico apeadero en medio de la entrada y salida más utilizada de la ciudad, obligándoles a rodeos laberínticos, y a padecer una catarata de semáforos antes de lograr entrar o salir de la localidad. ¡Cráneos privilegiados!, qué exclamaría don Ramón María del Valle Inclán.