Oviedo no tiene techo. Ni el frío de febrero, ni la tradicional resaca tras las festividades navideñas han logrado frenar una inercia que parece imbatible. La capital ha vuelto a romper todos los moldes en el segundo mes del año, consolidándose como su pulmón turístico más vigoroso. Los datos de ocupación hotelera del Instituto Nacional de Estadística (INE) correspondientes a febrero confirman, con un aumento de reservas del 115% –frente a una caída del 0,6% en toda Asturias–, una tendencia que ya no es una simple coyuntura, sino un cambio de estructura profunda: Oviedo tira del carro mientras el resto de la región busca su sitio en un escenario de contención, impulsado por el aumento de los congresos profesionales y las escapadas de fin de semana con fines gastronómicos y culturales.

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