Días de lluvia

Días de lluvia

No es verdad que la gente conozca bien la palma de su mano. No lo notaría si se la cambiaran por otra. Dicho esto, empiezo a contemplar la mía y veo que está llena de carreteras secundarias que podrían pertenecer a una mano cualquiera. Por un momento, se me ocurre la idea de mapearla, pero no es sencillo: está surcada por multitud de rayas delgadísimas, la mayoría de las cuales no van a ningún sitio. Dejemos de decir, pues, que Fulano conoce Valladolid o Nueva York, por poner dos ejemplos, como la palma de su mano porque la palma de la mano es la gran desconocida, de ahí que haya gente especializada en su lectura. A mí me la han leído tres veces, dos de ellas con resultados convencionales, o sea, de mentira, y una con resultados inquietantes, o sea, de verdad. La de verdad ocurrió en un soportal de Turín, ciudad en la que me hallaba haciendo un turismo siniestro porque se trata de una ciudad bellísima por la que pasa el río Po.