Hace más de 50 años que oí por primera vez el nombre de Evaristo Arce, fue a raíz de la publicación de la biografía del doctor Plácido Álvarez-Buylla Godino. En mis recuerdos de juventud, el nombre de Evaristo siempre iba ligado a expresiones de elogio hacia su trabajo y cariño hacia su persona. No recuerdo el momento, ni puedo precisar el lugar donde lo vi por primera vez, pero sí identifico con claridad el día en el que me lo presentó mi padre en el Museo de Bellas Artes de Oviedo. Aquella fue una visita pausada, como Evaristo decía que hay que ver los museos, un paseo lento en el que te tomas tu tiempo para observar nuevos detalles que no habías percibido en anteriores recorridos; los adultos charlaban mientras yo escuchaba. Pocas personas conocen con tanta profundidad, como él conocía, esta joya que tenemos en Oviedo.
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