Las cosas bien hechas y guiadas por un espíritu de compromiso se convierten en referencias a seguir porque dejan la huella del ejemplo. Se convierten en una esperada y necesaria tradición que explica lo que somos y nos ayuda a prepararnos para lo que seremos. Allá en la década de los años cincuenta, el poeta Gabriel Celaya escribió que «la poesía es un arma cargada de futuro». Permítanme que le robe la idea para decir que, viendo cada edición de los Premios de la Fundación Marino Gutiérrez, «la tradición de estos galardones es un arma cargada de futuro».
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