Para muchos asturianos de las décadas sin autovía, Luarca y Valdés eran el respiro conquistado tras vencer La Espina. El acceso al Noroccidente por el camino serpenteante de la costa aún resultaba más mareante. Ahora, a tiro de piedra de Avilés y Ribadeo, se han convertido en punto estratégico e icono turístico revitalizado al que LA NUEVA ESPAÑA presta desde hoy una atención singular.

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