Durante mucho tiempo, la biología ha debatido si los animales pequeños son capaces de realizar actos desinteresados o si se mueven por pura supervivencia. Sin embargo, un experimento clásico de 2011 demostró que una rata prefiere liberar a un compañero encerrado en un espacio angustiante, incluso por encima de comerse un dulce trozo de chocolate.

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