La pedantería y la vanidad nos llevan al postureo. Y es universal. No sé por qué se le aplica casi en exclusiva a la mujer, cuando los hombres somos tan vanidosos o más que ellas. Es una característica humana, aunque ahora se ha puesto de manifiesto que los simios también simulan. Fingimos que sabemos lo que no sabemos. Y como la ignorancia es atrevida, resulta fácil deslizarse al ridículo. Nos hinchamos como el sapo, y pensamos que hemos producido admiración con el zasca, lo que nos lleva a considerarnos por encima de los otros, a pontificar, aunque todo nuestro saber se reduzca, en el mejor de los casos, a la lectura de un artículo, un podcast en el gimnasio o simplemente por lo que hemos escuchado en la televisión o en la radio.
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Juan Francisco Saenz
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