En pleno caos de la alta velocidad, con pasajeros atrapados en los trenes, y el país aún no repuesto del asombro por el histórico apagón de la pasada semana, Pedro Sánchez ha anunciado una consulta pública para ver qué piensan los españoles sobre la opa del BBVA al Banco Sabadell. Un asunto, parece ser, de grandísimo interés nacional en el que la mayoría no tiene opinión formada al respecto pero que a él le sirve de cortafuegos, puesto que al final no se trata de un pronunciamiento ciudadano que el Gobierno vaya a tener en cuenta para tumbar la fusión bancaria o mismamente desautorizar el veredicto de la Comisión de Competencia, que ya ha aprobado la oferta. Esta, como otras cosas que suceden, no son fáciles de ver en una democracia avanzada, pero tenemos políticos decididos a avergonzarnos en cada momento. Esta vez la respuesta del Partido Popular, al cuestionar también la opa, ha dado alas al Presidente, que no las necesita para salirse con la suya y contentar a sus aliados independentistas catalanes, que han recibido aplaudiendo la noticia del referéndum. Sánchez es el mismo que viste y calza que no consideró de interés la opinión de los españoles sobre la amnistía a los golpistas del 1-O. A lo que se ve, el interés obra estrictamente con Cataluña y el resto queda a un lado como factor desequilibrante.
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