De un cineasta desafiante en inquietudes y retos como Lluís Miñarro es lógico esperar propuestas ilógicas. Dicho sea como de elogio. «Emergency exit» no oculta que por encima de su hombro hay miradas superiores. Luis Buñuel, por ejemplo. Palabras mayores. El fantasma de la libertad absoluta que recorre «El ángel exterminador» viaja (animal simbólico incluido, beeeeee) en un autobús lleno de gentes extrañas, estrafalarias en algunos casos y conmovedoras en otros. O ambas cosas, llegado el caso. No hay argumento que valga, pues lo que cuenta es dejarse llevar por una imaginación y una imaginería en constante sobresalto, como si el guión hubiera sido escrito al recorrer una carretera llena de baches (no en vano uno de los personajes es un creador de imágenes que no necesita actores con «cosas absurdas que algún día serán genialidades»). El peaje tal vez inevitable es que algunas de esas cosas absurdas son brillantes y otras no tanto, aunque sin llegar a ser tontas.
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