«En Poniente pasan cosas que parecen imposibles». La reflexión, que nace de la coordinadora del programa «Playa Accesible», Silvia Vigil, recuerda algunas de las historias que ha vivido a las orillas del arenal gijonés, en especial a la sombra del Talasoponiente. Hace unos años, un hombre en silla de ruedas llegó con su mujer a la playa y llevaba seis años sin poder ponerse de pie. Ese día, dentro del agua, lo logró y su mujer pudo abrazarlo de nuevo. «Se me saltaban las lágrimas», aseguró Vigil, que este año lidera una nueva edición de este proyecto social para que las personas con movilidad reducida disfruten de baños en la mar.

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