Lo que se vota rara vez coincide con lo que se proclama. Es más, casi nunca coincide. Ahí tienen el ejemplo de Castilla y León, que ha vuelto a recordarlo de manera clara. Mientras desde la izquierda se agitaba el «no a la guerra» –consigna tan noble como difusa en provincias como Soria, Zamora o Avila, a miles de kilómetros de cualquier frente activo–, el pulso real de las urnas parecía latir en otra dirección más prosaica y a la vez más reconocible, el «no a Sánchez».
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