Durante décadas, la Unión Europea ha sido el alumno aventajado de un mundo que ya no existe. Es un hecho objetivo que mientras Bruselas predicaba las bondades del libre mercado y la apertura económica, otros países sacaban provecho de ello. Pero quizás algo está empezando a cambiar. Y no me refiero al polémico y reciente discurso de la presidenta de la Comisión, probablemente más denostado que leído.
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