La intensa ola de calor que atraviesa buena parte de España está teniendo un efecto poco frecuente en la cornisa cantábrica: un notable incremento de la contaminación por ozono troposférico, un contaminante cuya formación depende de la radiación solar y de la presencia en la atmósfera de gases procedentes, principalmente, del tráfico y de determinadas actividades industriales.

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