Resulta evidente que las iniciales propuestas sobre política mercantilista del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dan pábulo y resultan insólitas por no decir extravagantes en un mundo cada vez más globalizado. Además del juego ególatra y pendenciero de los aranceles, la estrategia geopolítica del nuevo inquilino de la Casa Blanca descansa en hacerse, de manera más o menos lícita, con el acopio de materiales esenciales en el mundo de las altas tecnologías. Lo demuestra al pretender anexionar Groenlandia (con un subsuelo rico en materias primas) o interferir en las negociaciones de paz en Ucrania, exigiendo la cesión de una parte de los derechos de explotación de los elementos químicos estratégicos existentes en la nación invadida por Rusia.
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