La aparición de una suerte de ángel de la guarda llegado de tierras salmantinas evitó que una animada cena entre amigos en uno de los principales polos hosteleros de Oviedo terminase en tragedia. A. A., un policía local de Béjar de 35 años que estaba cenando en otra mesa junto a su mujer, otra agente de la misma localidad, consiguió reaccionar a tiempo para, con ayuda de los camareros del establecimiento, salvar la vida a un turista británico que se había atragantado con un trozo de carne. «Solo cumplí con mi deber», explicó ayer con modestia este efectivo convertido en héroe improvisado en declaraciones a LA NUEVA ESPAÑA.

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