Ella no lo sabe, pero Isabel Allende (Lima, Perú, 1942) me salvó. No lo sabe porque yo, por rubor, contener el mío, evitar el suyo, no se lo he dicho en las ocasiones, varias, en las que hemos charlado. La última a través de una pantalla, pues ella está en San Francisco, la ciudad estadounidense en la que lleva décadas viviendo, y yo a este lado de ese charco que, en lo narrativo, tanto nos hermana.

Publicado enOtros Última Hora
