Nunca supimos tanto y entendimos tan poco: no por falta de información, sino por saturación. Discutir se ha vuelto trivial y razonar, excepcional. Basta asomarse a una barra de bar, a un grupo de WhatsApp o a los comentarios de cualquier noticia digital: en pocos minutos se pasa del dato al recelo; del recelo, a la trinchera. En la llamada «era del conocimiento» prospera una ignorancia distinta: no la de quien carece de acceso, sino la que se fabrica entre titulares, prisa y algoritmos.
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