Cuando me llamaron para darme la tristísima noticia del fallecimiento de mi gran amigo de tantos años, Francisco de Borbón y Escasany, no podía dar crédito al haber mantenido una conversación con él hace solo unos días, con motivo del reciente fallecimiento de su hermano Alfonso, con el que siempre había estado muy unido. Hace ya unos cuantos años tuve la oportunidad de publicar mi primer libro, con un tema que me apasiona, la vida del I duque de Sevilla. Este trabajo me hizo investigar también la descendencia del personaje, tan desconocido como importante en la historia de España, motivo por el que me jacto de haber tenido la suerte de conocer a dos personalidades que contribuyeron a completar mis fuentes. A don Francisco de Borbón y Escasany, duque de Sevilla, al que siempre he profesado enorme admiración y amistad, y que además se dignó a presentar el libro en el Ateneo de Madrid, junto con el senador don Juan Van-Halen; y a su padre, don Francisco de Borbón y de Borbón, con el que mantuve largas y deliciosas charlas que enriquecieron mi trabajo, con las anécdotas que desgraciadamente no se pueden encontrar en los archivos. Desde aquellos años, a comienzos de la década de los noventa, mi amistad con Paco de Borbón ha sido fiel, continua y sobre todo entrañable. Nunca podré olvidar la emotiva necrológica que publico en el periódico ABC sobre mi madre, hace cinco años.

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