Gijón es una ciudad con muchas plazas, de todo tamaño y condición, pero hay dos que atesoran esa característica que en la capital denominan casticismo. Hablamos de esa plaza del Parchís y la conocida como la Plazuela. La primera ha pasado por varias denominaciones, aunque pese a ello siempre vuelve al popular, el Parchís, y mantiene casi completa su fisonomía de edificios clásicos, todos imponentes, aunque a mi me gusta particularmente la sobriedad racionalista que Manuel del Busto le dio a la torre blanca donde, en los aciagos días de 1937, se instalara en su corta vida el Gobernín.
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Evaristo San Miguel
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Juan Francisco Saenz
