Hace calor en Navelgas y la pequeña Lois Gizel, de nacionalidad holandesa, se queja precisamente del eso, de la temperatura. «Pero el resto es estupendo, no se puede pedir más», se apura a contestar su padre, Niels Gizel. Lo que gusta de Navelgas estos días es «el ambiente» que trae el Campeonato Mundial de bateo de oro, una actividad tan singular en Asturias como atractiva. Añade más: «La comida, la gente y la organización».

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