El viento, que estos días sopló con fuerza, hizo que el aroma del Antroxu borrara la pestilencia de la polarización política y la gente recuperó el buen humor. Así que, un año más, la fantasía volvió a las calles de Avilés para vivir una tradición que se ha convertido en patrimonio de quienes se sienten protagonistas, participan y se divierten, y quienes no estamos para muchos trotes y disfrutamos desde el balcón.
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