Desorientación

Observo que con Vox progresa cada día que pasa la desorientación, que en política es peor que el miedo. Ya no se trata de una excentricidad ruidosa ni de un rapto de protesta, Vox es un actor instalado en el tablero, con capacidad para bloquear, condicionar y, sobre todo, crecer. Y el auténtico problema es que nadie parece saber qué hacer con él, salvo alimentarlo. Cuando ya ha engordado, la pregunta es dónde se coloca a un partido que vive de tensar la cuerda pero al que, por simple aritmética, hay que considerar de vez en cuando.