De Sabugo al cielo

Hay personas que parecen haber nacido para un lugar. Gaínza era de Sabugo, y Sabugo le había impregnado de su esencia: sus calles empedradas entre siglos de historias enmarcadas entre las torres gemelas de Santo Tomás, recortadas contra el cielo de Avilés. Allí, junto a Mateo Valdueza, uno de esos curas que dejan huella, aprendió, sin que nadie se lo explicara, lo que significa querer de verdad a la gente de tu barrio, sus costumbres, sus nombres, su cultura y su fe.