Al menos, y por ahora, se puede decir mamarrachos, idiotas o cretinos, así como auténticas barbaridades que se me ocurren (pero ya saben que mi padre no me da permiso para decirlas) a cuenta de la reciente proposición no de ley aprobada en el Congreso para «regular el uso de la palabra cáncer y promover un lenguaje responsable y empático».
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