Alma asturiana del cónclave

Hay encuentros que, por breves que sean, dejan una huella duradera. Así me ocurrió hace unas semanas, concretamente el pasado 4 de abril, con don Ángel Fernández Artime, cardenal asturiano, en un escenario muy nuestro: el pregón de la Semana Santa de Oviedo, en la Basílica de San Juan el Real. Fue una cita cargada de emoción, fe y tradición, pero también, para mí, de una grata sorpresa personal. No solo fue un placer escucharlo y sentir su cercanía con la gente, sino que –para mi asombro– ¡me conocía! Ese gesto, esa muestra de atención sencilla y afectuosa, dice mucho de él.