El verano es ese tiempo que situamos entre su solsticio (21 de junio) y el equinoccio de otoño (22 de septiembre). Es el periodo, por este nuestro espacio terráqueo, en el que los días son largos y el sol brilla más intenso, en el que las fiestas se suceden y no dejan lugar al aburrimiento. Es, en fin, el tiempo en el que se invita a ese «Carpe diem», aprovecha el momento, que el poeta latino Horacio acuñó hace dos mil años y la humanidad entera sigue. En el verano del «carpe diem» agosto es el mes álgido, el que marca el culmen antes de la decadencia. Curioso porque agosto es un homenaje a Augusto el emperador que inauguró el eterno Imperio Romano de cuyo círculo formó parte el poeta.
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