Alquilar una vivienda en Gijón se ha convertido en una competición con tantos obstáculos que muchos se quedan lejos de alcanzar la meta. No solo se trata de un problema de precios altos y que parece que no dejan de subir y subir. También está el handicap de la temporalidad, con caseros que fijan junio como final de contrato para poder tener libre su vivienda en los meses de verano y ofertarla a mayor precio en el mercado vacacional, y las complicaciones que genera el alto nivel de exigencias económicas y restricciones a su estilo de vida que se le fijan al candidato a inquilino.

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