En su primera infancia, mi hermano tenía sueños de futuro muy extraños. En lugar de ser bombero o policía, él quería ser un caballo. El mío era más natural en nuestra tierra. Yo quería ser futbolista. Con los años él terminó por jugar mejor que yo al fútbol, aunque acabamos los dos por no pasar de tener un nivel mediocre en el equipo de canallas del barrio. Y con todo, ¡qué intensidad semana a semana!
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