La gestión de una crisis sanitaria –si es que esta del crucero del hantavirus lo acaba siendo– no se mide solo por las decisiones que se toman. Es fundamental la confianza que generan, y ahí es donde el Gobierno vuelve a tropezar. La decisión de permitir el atraque del barco afectado probablemente sea la correcta desde el punto de vista humanitario y sanitario. Pero una medida razonable puede convertirse en motivo de alarma cuando se comunica mal, tarde y de forma contradictoria.
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