El triunfo de la posmodernidad y sus profetas (Foucoult, Derrida, Lacau, etc.) que han dado la réplica a las verdades asumidas tras el entronizamiento de la razón ilustrada, para instalarnos en el mundo del relativismo en el que las certezas se han diluido, constituye el paisaje de nuestro tiempo. Sobre el sustrato del eclipse de la razón y el reinado de la sentimentalidad débil y la manipulación de las emociones se están construyendo los nuevos populismos. Donald Trump, corolario de todos ellos, no existiría como personaje político sin Foucoult, aunque desconozca el término posmodernidad y el filósofo le suene a una marca de hamburguesas.
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