Lemas y dilemas

El no a la guerra disfraza un argumento tramposo. Convertido en consigna moral absoluta, el eslogan pretende clausurar cualquier matiz y expulsar del debate público a quien no se someta a su simplificación. La mayoría de las personas razonables y de buena fe rechazan la violencia bélica como método ordinario de resolución de conflictos. Pero esa aversión general no equivale a un pacifismo acrítico ni a aceptar el marco simplista del blanco o el negro: o estás contra la guerra o estás a favor. La realidad internacional, por desgracia, rara vez admite consignas tan cómodas. No vale el lema si hay dilema.