La enseñanza infantil se basó durante la Edad Moderna en las escuelas de primeras letras dependientes de Fundaciones Docentes y Obras Pías y financiadas por la nobleza rural o por clérigos. Fueron frecuentes en la Asturias del siglo XVIII y a mediados del siglo XIX ya se contaban 174. Entre ellas la que dispuso en su testamento el párroco de San Juan, Leandro Martínez de Vega, para los pequeños de Mieres, donde se pagaba al maestro 16 ducados para que enseñase «a leer de redondo a todos los niños de la feligresía y la Doctrina Cristiana, de manera que cada uno de ellos sepa de memoria y la entienda bien».

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