De barcos y nisales

Desde 2005, en el paseo de la playa de El Arbeyal, una escultura rinde homenaje a los «niños de la guerra». El monumento representa a un chiquillo subido a una piedra caliza que mira al puerto de El Musel. Precisamente, fue uno de esos niños, Vicente Moreira, quien creó la estatua que nos recuerda que en la madrugada del 23 de septiembre de 1937 en un barco con destino al actual San Petesburgo se subieron 1100 niños y niñas en compañía de maestros y educadores para huir de una región en guerra. El gran cronista de la época, el fotógrafo Constantino Suárez, recogió una imagen tomada en la quinta Bauer de Somió, que en aquel momento acogía el orfanato Rosario Acuña, en la que se puede ver a un grupo de niños jugando juntos en la entrada principal. Se agrupaban en distintas casas de la ciudad mientras los preparaban para tomar ese barco que los alejó de sus familias, en algunas ocasiones para siempre.