El fuego está devorando el parque nacional de los Picos de Europa. Lo está arrasando, literalmente. Los incendios (tres) siguen totalmente descontrolados, sin freno, y los servicios de extinción reconocen que no hay forma humana de pararlos. Todas las miradas se dirigen ahora al cielo: se anuncian lluvias para las próximas horas; pocas, es verdad, pero podrían ayudar a detener el desastre. También cambiará el viento, de sur a norte, lo que significa temperaturas más bajas y más humedad. También podría ayudar. No queda otra: los medios humanos desplegados en el espacio protegido están siendo a todas luces insuficientes.

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