El fichaje de Toni Comín por Junts, como número dos de Carles Puigdemont para las elecciones europeas de 2019, se vendió a bombo y platillo. Para los posconvergentes fue como robar una pieza importante del tablero de ajedrez a sus contrincantes, ERC, y les sirvió para poder mantener la llama de la supuesta unidad independentista. Sin embargo, a los republicanos ya les fue bien la ruptura. Desde que había llegado a Bélgica, su exconseller de Salut se había ido distanciando del partido y había desoído algunas de sus directrices, como la de dejar el acta en el Parlament. Antes de Esquerra pasó por el PSC. Pero el tándem Puigdemont-Comín, que pareció inquebrantable durante un largo tiempo, se está esfumando.

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