Algo está cambiando ahí fuera. Lentamente, la diáspora asturiana va experimentando una reconfiguración geográfica que le ha dado la vuelta al mapa. Ya hay más asturianos de nacimiento en Europa que en América, desactivando parte del tirón que durante décadas hizo del Nuevo Continente el destino más tradicional para la emigración del Principado, y en un símbolo del vuelco de las rutas migratorias Estados Unidos ha adelantado a México por primera vez desde que la estadística tiene memoria. Los datos detectan los efectos del envejecimiento en las comunidades de Latinoamérica y descubren a la vez que la tendencia generalizada a la contracción en el número total de nativos expatriados se contradice con un incremento progresivo en algunos grandes países europeos y Estados Unidos, los más atractivos para la “nueva emigración” por su oferta de oportunidades laborales.

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