El lunes del apagón tuvo como inmediato efecto secundario en Barcelona una invasión de terrazas, bares y cafeterías donde cobijarse para tomar algo o hacer tiempo hasta poder volver a casa. Se sirvieron refrescos, cañas y helados a tutiplén. Lo vivieron en sus carnes comerciantes como Irene Iborra, alma mater de Mama Heladera, en plena rambla del Poblenou. Allí no solo combatió de la forma más dulce el desasosiego de algunos y el solaz de otros, sino que también fue un punto de información mediante una radio de pilas que se escuchó colectivamente durante horas en su terraza. De aquel trajín salió la inspiración de un helado, que ha bautizado ‘Apagón’ en honor a aquella jornada y a su clientela.

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