Una región árida y seca del norte de México, situada a más de 2.000 metros de altitud y con el agua a quinientos de profundidad, es el ecosistema improbable en el que germinó y creció la primera y más floreciente filial exterior de una multinacional agroalimentaria asturiana. Este año hará cuarenta que el grupo Industrias Lácteas Asturianas (ILAS), fabricante de Reny Picot, abrió en Cuauhtémoc, estado de Chihuahua, la primera puerta de una presencia internacional que hoy abarca seis países de tres continentes. Sucedió a mediados de los años ochenta, en un sitio peculiar y de un modo fuera de lo común, cuando la empresa identificó una oportunidad de negocio poco previsible en una zona del país azteca que una abundante colonia de menonitas, comunidad étnica y religiosa originaria de los Países Bajos y Alemania, había ganado al desierto y acondicionado para dedicarla al aprovechamiento agrícola y ganadero.

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