A ver, a mí, los libros, la lectura, me han salvado la vida. Y ayer, cuando el apagón, volvió a pasarme. Iba para el garaje, al cual accedo en ascensor. Eran las doce y media. Pero en ese momento cambié de rumbo y tiré para la librería habitual, allí al lado. Estaba llegando cuando se marchó la luz; la cuenta para estar en el ascensor. Llegó otro cliente: «Hasta Uría tá todo sin luz». Marché. Delante de la iglesia de Las Salesas, una señora mayor, de pelo cardado y zapatos bajos, con un carrito, comentó ufana: «Al parecer es en toda España».
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