Aquello tenía la apariencia de un ataque híbrido casi realizado con alevosía y nocturnidad, que además desprendía una inquietante percepción de impunidad por parte de sus autores. A mediados de noviembre, en dos días consecutivos, el buque granelero ‘Yi Peng 3’, de 225 metros de eslora presuntamente cortó con su ancla dos cables de comunicación submarina en el mar Báltico. Las sospechas de los servicios de inteligencia occidentales apuntaban a una acción ‘teledirigida’ por agentes rusos para dañar la infraestructura empleando el ancla.

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