Racismo religioso

Parto de la base de que, más o menos conscientemente, todos somos racistas. Incluso cuando nos hacemos de almíbar al tratar a un extranjero (o español) de piel oscura, incurrimos, mal que nos pese, en racismo, ya que no nos comportamos con la misma naturalidad que usamos al conversar con quienes compartimos similar coloración cutánea. Ese racismo involuntario y bienintencionado es también sumamente dañino, porque se asemeja a la condescendencia y autoglorificación del fariseo.