La Primera Enmienda no es una reliquia poética: es la muralla que separa la democracia del autoritarismo. En cuarenta y cinco palabras, escritas en 1791, se prohíbe al Congreso limitar la libertad de religión, de expresión, de prensa y de reunión. Sin ese cimiento, el edificio de la república se desmorona. Y, sin embargo, en la América de 2025 esa muralla empieza a agrietarse, minada desde dentro por quienes juraron defenderla.
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