El hidrógeno verde aún está verde. Demasiado verde. La tecnología que hace apenas unos años era ensalzada como el futuro de la energía y la industria occidental para descarbonizar el planeta no acaba de arrancar. Ni en Estados Unidos, ni en Alemania ni en Asturias, donde los principales proyectos –a cargo de la energética EDP y la siderúrgica ArcelorMittal– están paralizados por falta de demanda, complejidad técnica y una más que dudosa rentabilidad económica, según aducen las empresas. En total, las iniciativas canceladas en los principales países occidentales suponen más de 10.000 millones de dólares (unos 8.600 millones de euros) en inversiones paralizadas, según informes de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) y análisis sectoriales.

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