Cuando era pequeño, la zona de juegos de Martín Calzada Amorrortu eran los talleres; las piezas, sus juguetes, y su ilusión, los motores. No fue una sorpresa que más tarde se dedicara al mundo de la automoción; lo llevaba en las venas. Inició su carrera profesional en la reparación de maquinaria de obra pública, pero con la crisis de 2008 aterrizó en el sector de las dos ruedas, donde vendía, alquilaba y reparaba vehículos importados, en su mayoría asiáticos.

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