Dicen que Cleopatra dormía en una cama cubierta con hojas de oro y rodeada de aromas de jazmín y mirra para inducir un sueño placentero. Luis XIV tenía más de 400 camas repartidas por sus palacios. Y Pedro el Grande, que medía más de dos metros, mandó construir una cama a medida de casi tres metros de largo. Desde siempre, los dormitorios han sido mucho más que lugares para dormir: han sido símbolo de poder, refugio, lujo… pero, sobre todo, de descanso. Y aunque hoy no necesitemos hojas de oro ni sábanas de seda imperial, sí compartimos algo esencial con estos personajes ilustres: la necesidad de dormir bien. ¿Qué tal si aprovechamos la primavera para mejorar tu descanso y el de aquellos que quieres?

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