No llegó al hotel con sus compañeros al mediodía. Tenía que estar Raphinha en el hospital acompañando a su hijo Gael, que estaba enfermo. Estaba con su mujer Taia Belloli. Llegó tarde, y en su vehículo, a la cita con sus compañeros tras obtener el lógico permiso de Hansi Flick, su entrenador. Y le dio tiempo a aplastar al Benfica en Montjuïc erigido en el mejor goleador brasileño de la historia de Champions.

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